Una creencia no es simplemente una idea que la mente posee, es una idea que posee a la mente
Robert Bolt

Hoy quiero hablar de las cosas en las que he dejado de creer; como ser humano, como persona, como hombre que superó ciertas etapas difíciles de su vida, como ser que siente que nuestra realidad puede ser diferente y mejor, que existen recursos y condiciones para lograrlo; como individuo que tiene la certeza que lo bueno conocido no necesariamente es siempre lo mejor, como ser que tiene la necesidad de dejar de seguir siendo este tipo de “humanos” en el que nos hemos convertido, esos que no se cansan de repetir una y otra vez los mismos errores, generación tras generación, olvidando una y otra vez aquello que hemos aprendido.

No hablaré de la pérdida de fe en las cosas, ni en las personas, ni en la vida; el título de este mensaje refleja todas aquellas cosas que forman parte de un viejo sistemas de creencias con el que fui (fuimos) criados y el cual entendí no seguir necesitando y alimentando para evolucionar, sé que no soy el único que ha dejado de hacerlo, sé (siento) que son muchas las personas que piensan, así como yo, y lo sé con toda la certeza de mi razón y de mi corazón, precisamente porque dejé de creer que somos tan limitados como para no saber qué es lo mejor para nosotros como individuos, como grupo y con aquello que afecta nuestro entorno.

Dejar de creer es sin duda la tarea más difícil con la que se puede encontrar cualquier ser humano en determinado punto de su camino por la vida, es por lo menos, tener la amplitud de mente para aceptar que todo aquello en lo que hemos creído hasta aquí pudo estar equivocado, si no lo estuviese, no estaríamos como estamos, es aceptar que aquellos que nos formaron y grabaron todo tipo de creencias en nosotros no estaban muy seguros de hacia dónde avanzaban, es aceptar que podemos amarlos aun sabiendo que no sabían muy bien lo que hacían.

Si todo aquello en lo que nos enseñaron a creer desde pequeños fuese cierto y correcto, no tendríamos la más mínima duda al respecto de nuestro futuro”. Nuestro futuro es incierto, porque está basado en creencias obsoletas, en las que muchos de nosotros dejamos de creer hace bastante tiempo; creencias arrastradas por varias generaciones sin ningún cuestionamiento, por lo tanto, se hace necesaria una renovación de ideas, de conceptos, de principios, que no vayan apoyados en absurdos e ilusorios dogmas, sino, en bases mucho más sólidas, donde cosas como, ciencia, espiritualidad, conocimiento y sabiduría puedan empezar a convivir de manera más efectiva de como lo han hecho hasta ahora.

Dejar de creer no significa perder la memoria o perder la fe en las cosas que aprendimos de pequeños, pero si significa encender el filtro del discernimiento personal, para poder identificar cuáles de esas cosas debemos eliminar de nuestro sistema para poder crecer y evolucionar como nuevos seres. Y por sobretodo significa poner en entredicho a muchas personas que consideramos importantes en nuestras vidas: padres, familiares, maestros, profesores, profesionales, etc., sin que esto llegue a suponer necesariamente algún tipo de desprecio hacia esas personas, ni genere en nosotros ningún tipo de sentimientos negativos o resentimientos hacia ellos.

Se trata apenas de entender que todos somos producto del “momento” en que fuimos criados y educados, así como de las circunstancias y los paradigmas imperantes en cada época, los cuales lamentablemente en muchas ocasiones son transmitidos mecánicamente de generación en generación sin que nadie haga mucho por ponerlos en duda o analizar concienzudamente si son lo mejor para nosotros y para quienes vienen más adelante.

Nuestro sistema de creencias es similar al disco duro de un computador, guarda todo aquello que vamos instalando en él, lo bueno, malo o regular, no filtra, ese es el trabajo que debemos desarrollar nosotros, identificar qué cosas dejaron ya de servir a nuestros propósitos y sencillamente eliminarlos (dejar de creer en ellas), es una labor personal, nadie puede crecer por nosotros, nadie puede vivir nuestra vida por nosotros.

Muchos de los problemas que se mantienen hoy en nuestro mundo y en su infinidad de sociedades, provienen de seguir creyendo en conceptos que tienen miles de años, peor aún, de defender esos viejos sistemas e ideas, que en nada nos siguen sirviendo hoy, sin la más mínima base de conocimiento ni lógica.

Creencias de todo tipo, religiosas, políticas, sociales, científicas, sentimentales, familiares, mediáticas, esotéricas, etnocéntricas, en fin, de las más variadas índoles y orígenes, arraigadas hasta la médula en seres que no las cuestionan y defienden. Ideologías y enseñanzas que los mantienen esclavos de sí mismos, en sistemas diseñados para perpetuarse sin que nada los amenace, mucho menos que nada busque modificarlos o eliminarlos, por todo esto se hace necesario y urgente dejar de creer…